Programa I

X

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

Jorge Mester Director titular

Viernes 8 de septiembre de 2017, 20:00 h.
Teatro «Fernando Gutiérrez Barrios»

PROGRAMA

ERNST VON DOHNÁNYI
Suite en Fa sostenido menor, Op.19
I.Andante con variazioni
II. Scherzo: Allegretto vivace
III. Romanza: Andante poco moto
IV. Rondo: Allegro vivace
Duración aproximada: 26 minutos

INTERMEDIO

BÉLA BARTÓK
Concierto para orquesta
I. Introduzione. Andante non troppo - Allegro vivace
II. Giuoco delle coppie. Allegretto scherzando
III. Elegia. Andante non troppo
IV. Intermezzo interrotto. Allegretto
V. Finale. Pesante - Presto
Duración aproximada: 40 minutos

Jorge Mester, director titular

Jorge Mester Director Titular

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
   En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012).
   Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980.
   Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
   Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
   En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.
   Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.

 

Notas al programa

CAMILLE SAINT-SAËNS

ERNST VON DOHNÁNYI
(1877-1960)


Suite en Fa sostenido menor
El nombre real de este compositor, pianista y director húngaro fue Ernö Dohnányi, aunque durante la casi totalidad de su trayectoria artística empleó la forma alemana que le conocemos actualmente. Nacido en la actual región de Bratislava, fue contemporáneo de sus paisanos Béla Bartók y Zoltán Kodály, aunque no se le identifica como un «nacionalista» y sí, en cambio, como un compositor evidentemente influenciado por el romanticismo centroeuropeo derivado del estilo de Johannes Brahms, en su primera etapa, mientas que al final de su carrera trabajó sobre las formas de la música norteamericana. Fue abuelo del hoy célebre director de orquesta Christoph von Dohnányi.
   Inicialmente reconocido como eficiente ejecutante de piano, Ernst von Dohnányi pronto se destacó en los terrenos de la dirección orquestal y fue titular de la Filarmónica de Budapest, desde donde tuvo la oportunidad de difundir las creaciones de los compositores húngaros. En los renglones de la enseñanza, tuvo como discípulos nada menos que a Géza Anda y Georg Solti, entre muchos otros.
   Designado en 1934 director de la Academia de Música de Budapest, se vio comprometido renunciar en 1941, así como a proceder a la desarticulación de la Filarmónica de Budapest, en protesta por la posición antisemita de las autoridades de su país. Pese a las presiones del régimen fascista, permaneció en Hungría durante la totalidad de la Segunda Guerra Mundial y se sabe que llevó a efecto numerosas acciones humanitarias en favor de los judíos perseguidos, incluyendo músicos. Al término de la conflagración y luego de perder en la misma a sus dos hijos, emigró hacia el Continente Americano e impartió clases en Tucumán, Argentina, para luego trasladarse a los Estados Unidos en 1948, donde se incorporó al personal docente de la Universidad de Florida. Falleció en la ciudad de Nueva York víctima de una neumonía.
   Ernst von Dohnányi inició la composición de su Suite en Fa sostenido menor en 1908 y la terminó al año siguiente. Era la época en que se desempeñaba como catedrático en la Hochschule für Musik de Berlín. Frecuentemente se le denomina «Suite romántica» por su colorido que apunta evidentemente hacia las formas del romanticismo decimonónico, aunque no despojado de algunos atractivos toques que nos remiten a la música popular húngara. Un fragmento que llama la atención por su originalidad es la Romanza del tercer fragmento, que fue retomada por el violinista Jascha Heifetz para convertirla en una atractiva pieza para violín y piano. Sabemos que Dohnányi trabajó sobre la Suite al mismo tiempo que escribía su pantomima El velo de Pierrette, opus 18.
   La Suite en Fa sostenido menor fue estrenada en la ciudad de Budapest, el 21 de febrero de 1910, con la orquesta dirigida por el autor.
   Como información adicional, es conveniente tomar en cuenta que la forma «suite» no cuenta con una estructura definida, como son los casos de las sinfonías y las sonatas. El compositor tiene ante sí la posibilidad de trabajar sobre una sucesión de temas cortos y de variados estilos, muchos de ellos de naturaleza dancística. Los historiadores nos indican que los orígenes de la suite debemos buscarlos en las series de danzas del Renacimiento y que, con el paso del tiempo, se convirtieron en un renglón ampliamente trabajado por los compositores del periodo barroco. Son de especial notoriedad las generadas por los talentos alemanes Georg Friedrich Haendel y Johann Sebastian Bach, durante el siglo XVIII. Se considera a la suite como una de las primeras manifestaciones que habrían de ejercer la más notoria influencia sobre la creación orquestal de compositores posteriores, así como el antecedente directo de la forma sonata.
   Ernst von Dohnányi habría de dar a conocer, poco tiempo después, su Suite al estilo antiguo para piano solo, opus 24, en 1913, así como una «Suite de vals opus 39 A» para dos pianos, en el año 1945.

CAMILLE SAINT-SAËNS

BÉLA BARTÓK
(1881-1945)


Concierto para orquesta
Esta obra fue producto de un encargo procedente del maestro de origen ruso Serge Koussevitzky (1874-1951), quien además de eficiente contrabajista se desempeñó como director titular de la Orquesta Sinfónica de Boston entre 1924 y 1949. Ante la difícil situación financiera y de salud por la que travesaba el compositor a su arribo hacia Norteamérica, Koussevitzky se propuso (al igual que otros colegas) ayudar a Bartók en la medida de lo posible, circunstancia un tanto compleja ya que el recién llegado se negaba a recibir cualquier aportación que le pareciera una dádiva.
   Bartók arribó a los Estados Unidos en agosto de 1940, luego de la terrible contrariedad que le produjo la capitulación del gobierno de Hungría ante el nazismo. Tras la muerte de su madre, supuso que ya nada tenía por hacer en la tierra natal y tomó la decisión de exiliarse con su esposa Ditta. Ante de él se habían establecido en Norteamérica paisanos como los directores de orquesta Fritz Reiner (1888-1963), George Szell (1897-1970) y Eugene Ormandy (1899-1985), que aparentemente nada mal la pasaban y a los cuales trabajo no les faltó. Pero el organismo de Bartók pronto comenzó a manifestar los efectos del mal que terminaría por llevarle a la tumba, de modo que trabajar para mantenerse resultó en una tarea por demás difícil, a lo que se sumó la amarga añoranza hacia su patria.
   Todo ello acrecentaba su incomodidad para adaptarse a la forma de vida en Norteamérica y, por añadidura, se le dificultaba abrirse paso en aquel competido ambiente ya que no era del todo conocido como compositor. Aunque la Universidad de Columbia le distinguió con el Doctorado Honoris Causa, su situación económica empeoró a la par con los efectos de la leucemia. Fue entonces que se dio el encargo de Koussevitzky, en 1943, mismo que al parecer renovó el entusiasmo de Bartók por escribir y a lo que respondió con el Concierto para orquesta, que fue estrenado el 1 de diciembre de 1944 en Boston, con una aceptación incondicional.
   La obra debe su denominación al hecho de que prácticamente todos los miembros de la orquesta cuentan con partes solistas y notorias oportunidades de lucimiento, lo mismo individualmente que en grupo. Los analistas suponen que Bartók se decidió por esta estructura inspirado en el Concierto para orquesta de su colega y amigo Zoltán Kodály, escrito en 1939, así como por el considerable nivel artístico de la agrupación para la que estaba destinada.
   El Concierto para orquesta consta de cinco movimientos, tres de los cuales capturan la atención del melómano y por lo mismo resulta conveniente detenernos en las características de ellos. El segundo se denomina Giuoco delle coppie (“Juego de las copias”), una suerte de danza humorística en que las maderas y trompetas con sordina intervienen en pares, para el logro de un juego armónico de sorprendente inventiva. La Elegía es lenta e introspectiva, misma que cobrará tintes de lamento desesperado. El cuarto fragmento es un Intermezzo interrotto («Intermezzo interrumpido») que cita en forma de parodia un tema procedente de la Sinfonía «Leningrado», la número 7 de Shostakovich, que luego será interrumpido por un tema de evidente corte popular húngaro. El Finale disipa la ambientación pesimista y aporta una conclusión optimista y brillante.
   El compositor murió diez meses después del estreno de su obra, en septiembre de 1945, por lo que el Concierto para orquesta se establece como una suerte de “canto del cisne” y testamento artístico de este admirable creador.
   En el mismo contexto, es menester señalar que no son pocos los maestros que han depositado su atención en esta forma de composición y que por lo menos uno, el italiano Goffredo Petrassi (1904-2003), hizo de esto casi una especialidad. Petrassi inició veladamente su trabajo sobre una serie de ocho Conciertos para orquesta desde principios de la década de 1930; esto es, algunos años antes que Kodály diera a conocer la partitura que funcionó como resorte impulsor para la obra que hoy nos ocupa. Y por si fuera poco, en 1925, el alemán Paul Hindemith también entregó una partitura de nombre y características similares.
   Después de ellos habrían de conocerse Conciertos para orquesta de talentos tan destacados como Witold Lutosławski, Michael Tippett, Elliott Carter, Roger Sessions, Steven Stucky y Leonard Bernstein (conocido su concierto como «Jubilee games»), entre muchos otros ejemplos.

Jorge Vázquez Pacheco