Programa II

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ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

Jorge Mester Director titular

Viernes 22 de septiembre de 2017, 20:00 h.
Teatro «Fernando Gutiérrez Barrios»

PROGRAMA

CÉSAR FRANCK
«El cazador maldito», poema sinfónico, FWV 44
Duración aproximada: 26 minutos

CAMILLE SAINT-SAËNS
Concierto No. 1 en La menor, para violoncello y orquesta
Allegro non troppo
Allegretto con moto
Tempo primo

Duración aproximada: 23 minutos
William Molina-Cestari / Violoncello

INTERMEDIO

LUDWIG VAN BEETHOVEN
Sinfonía No. 3, en Mi bemol, Op. 55; «Heroica»
Allegro con brio
Marcha fúnebre: adagio assai
Scherzo; molto vivace
Finale; allegro

Duración aproximada: 44 minutos

Jorge Mester, director titular

Jorge Mester Director Titular

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
   En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012).
   Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980.
   Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
   Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
   En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.
   Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.

 

William Molina-Cestari Violoncellista

Concertista, camerista y pedagogo, obtuvo el primer premio del Conservatorio Superior de Música y Danza de París, a los 19 años de edad. Nació el 6 de febrero de 1966, en Venezuela, donde inició sus estudios musicales a muy temprana edad, en la Escuela de Música Federico Villena. Sus primeros maestros de violoncello fueron: Andrés Herrera, Marek Gajzler y Héctor Vásquez; se perfeccionó en Francia con los maestros Philippe Muller, André Navarra y Paul Tortelier, así como en música de cámara con Jean Hubeau y Genevieve Joy Dutilleux, y recibió orientación, posgrados y especializaciones de los eminentes maestros Frans Helmerson, Natalia Gutman, Leonard Rose y Mstislav Rostropovich.
   Molina-Cestari ha tocado en América, Europa y Asia, tiene participaciones en festivales internacionales, ha grabado discos compactos y cuenta con grabaciones para la radio y la televisión de varios países. Su repertorio es amplio y abarca todos los géneros y los estilos de la literatura violoncellística; estrenó en América Latina la «Sinfonía concertante» de Prokofiev y ha tocado y dirigido simultáneamente repertorios de Vivaldi, Bach, Tartini, Paganini, Haydn y Boccherini.
   La CAF, la ONU, la OEA y la UNESCO, entre muchas más instituciones, le han invitado a impartir charlas, conferencias, talleres y clases magistrales en conservatorios de música y universidades importantes alrededor del mundo. Es también fundador de El Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, fundador de la Academia Latinoamericana de Violoncello y miembro activo como jurado de concursos internacionales.
   Hace casi tres décadas fundó la nueva Escuela Moderna del Violoncello en Venezuela, impulsando a una nueva generación de jóvenes ejecutantes, muchos de los cuales han obtenido galardones y premios internacionales.
   Ha sido primer violoncello de varias orquestas como la Sinfónica Simón Bolívar (fundador), del Conservatorio Superior de París, de Cámara del Conservatorio Superior de París, de la Comunidad Europea y Filarmónica de Jalisco. Es un solista internacionalmente reconocido.

 

William Molina-Cestari

Notas al programa

CÉSAR FRANCK

CÉSAR FRANCK
(1822-1890)


«El cazador maldito»
Con frecuencia nos referimos al poema sinfónico sin dejar en claro que se trata de una pieza orquestal cuya intención es básicamente descriptiva. Se trata de una forma incluida dentro de lo que denominamos comúnmente “música programática”. Los poemas sinfónicos generalmente constan de un solo movimiento y su temática apunta casi siempre hacia fuentes extramusicales y que pueden estar relacionados con la pintura, la poesía, el teatro, paisajes naturales y demás. Las ideas expresadas van desde la simple evocación y la sugerencia, como en Los Preludios de Franz Liszt, hasta un retrato casi literal del que es ejemplo Una noche en la árida montaña del ruso Modest Mussorgsky.
   Franck escribió varios poemas sinfónicos y entre los mismos se destaca El cazador maldito. Para su obra, este autor de origen belga se inspiró en un texto de Gottfried August Bürger, poeta alemán del siglo XVIII cuya temática preferida se relacionó con el medievo y de las viejas leyendas. La historia es la siguiente: En época medieval, un conde germano tiene la infeliz ocurrencia de planear una jornada de cacería en domingo, acompañado de sus sirvientes y sin respeto a la vigilia dominical que establece la tradición. Al sonar las campanas de una iglesia cercana anunciando el inicio de un oficio religioso, el noble hace sonar su cuerno de caza sin importarle los cánticos eclesiásticos. De repente su caballo se queda inmóvil, sus criados desaparecen y al tratar de llamarlos su cuerno no emite sonido alguno. En esos momentos una terrible voz le maldice y anuncia que su castigo será cabalgar por siempre, convertido en presa en lugar de cazador. El conde trata de huir pero no puede escapar de la condena: será perseguido incansablemente, día y noche, por una turba de demonios.
   En El cazador maldito encontramos la versión de Franck para la antigua leyenda en torno de un personaje diabólico: Samiel, el Cazador Negro que cabalga frenéticamente en medio de las tormentas y que es representado también en la ópera “Der Freischütz”, de Carl Maria von Weber. Al inicio, las fanfarrias de los cornos se alternan con las campanas y la ambientación sonora que representa la tranquilidad dominical. Sigue la caza emprendida por el noble con su séquito, que se interrumpe en cierto momento por la maldición, mientras que en la sección final se describe el cumplimiento de la condena y la cabalgata demoníaca. Esta obra fue escrita en 1882 e interpretada por primera vez en París, en mayo de 1883.

CAMILLE SAINT-SAËNS

CAMILLE SAINT-SAËNS
(1835-1921)


Concierto No. 1 para violoncello y orquesta
Cuando Saint-Saëns escribió su primer Concierto para violoncello en 1872, contaba con 37 años de edad y su celebridad como creador marchaba de la mano con la cierta desconfianza que motivaba en los círculos musicales franceses, en que se le calificaba de «radicalmente modernista» y «profeta de Wagner». No obstante, la obra fue bien recibida en todo ámbito y el público coincidió con la crítica en que se trataba de una partitura que redimía los “pecados” y las “infortunadas” tendencias supuestamente modernistas del músico. Este Primer concierto para cello parecía restablecer su buena reputación y un crítico se atrevió a redactar que con ello se apartaba de «su demasiado obvia divergencia con respecto del clasicismo».
   Esto no deja de resultar sorprendente, ya que la obra que nos ocupa se establece como una curiosa e intrigante opción que va más allá de lo que marcaba la tradición de la época. Su primer movimiento abre con un brevísimo acorde orquestal al que sigue el solista con el enérgico tema que es la base de toda la partitura. Viene luego un diálogo en que el tema principal se repite sin que suene reiterativo o monótono.
   El segundo movimiento aparece sin interrupción. Se trata de una suerte de minueto de naturaleza lírica e introspectiva que, curiosamente, abre también con un poderoso enunciado orquestal. El fragmento final también es presentado sin interrupción y su final es una coda en que se muestra una idea temática no empleada antes. La obra fue dedicada al violonchelista y laudero Auguste Tolbecque (1830-1919), quien estreno la obra en el Conservatorio de París el 19 de enero de 1873.
   Tolbecque ocupa un sitial de singular importancia en el mismo contexto. Integrante de una familia de origen belga en que se destacaron su padre, el violinista Auguste-Joseph (1801-1869) y su abuelo, el director de orquesta Jean-Baptiste, fue autor de numerosas obras para violoncello. Tolbecque fue integrante de célebres cuartetos de su época y su labor como laudero se hizo extensiva hacia la reconstrucción de instrumentos antiguos, particularmente violas da gamba. Por añadidura, fue un eficiente pianista y ejecutante de violín, así como restaurador de órganos antiguos. En un entorno musical en que los instrumentos dominantes eran el piano y el violín, Tolbecque se esforzó por elevar el estatus del violoncello mediante su labor como académico, a través de la cual motivaba a sus alumnos hacia el conocimiento detallado en torno de la historia y posibilidades del instrumento. Tolbecque fue condecorado con la Legión de Honor y el Conservatorio de Música de Niort lleva actualmente su nombre.
   Volviendo a Camille Saint-Saëns, desde niño manifestó una inteligencia fuera de lo común, y antes de cumplir tres años de edad ya interpretaba al piano, componía piezas sencillas y era capaz de transcribir al teclado obras orquestales de Mozart y Haydn. Antes de cumplir 7 años dominaba el latín y el griego, y semejante precocidad marcaría el ritmo de una vida intensamente creativa que ni siquiera en sus frecuentes viajes se moderó. ¿Cuál es la razón, entonces, de que su obra no se interprete con frecuencia y que muchas de sus valiosas creaciones permanezcan aún a la espera del aprecio generalizado?
   Difícil averiguarlo. Todos coinciden en que la orquestación en Saint-Saëns es clara, ordenada y correcta, como es posible advertirlo en sus poemas sinfónicos más difundidos («La juventud de Hércules» y «La rueca de Onfalia» son dos de ellos), y sirvió de modelo para las nuevas generaciones de compositores franceses. Varios de sus trabajos despertaron la admiración de sus contemporáneos y Saint-Saëns recibió elogios de gentes de los tamaños de Pablo de Sarasate, Franz Liszt y Gabriel Pierné. A Liszt –quien le apoyó decididamente para que terminase «Sansón y Dalila» y estrenarla en Weimar– dedicó su Tercera sinfonía en Do menor con órgano.
   Los biógrafos de Saint-Saëns están seguros de que el compositor guardaba plena conciencia de que su música no trascendería demasiado. Se suponía a sí mismo no suficientemente original y, para colmo, su longevidad le permitió vivir épocas musicales distintas. Muchos le contemplaban como el representante de la tradición decimonónica ante los avances experimentales hacia inicios del siglo XX, pero algunos detalles nos indican que Saint-Saëns era mucho más que un simple conservador. Se sabe que su extraordinaria inteligencia le permitió visualizar desde el lejano año de 1879 el agotamiento de la tonalidad tradicional, la misma lucidez que le hizo visualizar claramente la evolución en los lenguajes y estilos, aunque rechazó absolutamente valerse de los descubrimientos y conquistas de sus contemporáneos. Esta voluntad a toda prueba le mantuvo fiel a su preferencia por el equilibrio y la perfección en la escritura. A todo lo anterior se suma el hecho de que fue uno de los primeros creadores de música para la cinematografía, concretamente para «El asesinato del duque de Guisa», realización de 1908 y de apenas 15 minutos de duración.

LUDWIG VAN BEETHOVEN

LUDWIG VAN BEETHOVEN
(1770-1827)


Sinfonía No. 3, «Heroica»
Esta obra fue compuesta entre 1802 y 1804, como respuesta a la insatisfacción que Beethoven mostraba por los resultados de sus sinfonías anteriores. Al violinista Wenzel Krumpholz confió en 1803 que intentaría orientar su creatividad sobre nuevos horizontes y aquellos caminos habrían de partir desde su Sinfonía “Heroica”, misma que se establece como el principal impulso del pensamiento musical de Beethoven y observada actualmente como una de las obras clave en la historia de la música. La primera audición de la “Heroica” fue en privado, en la residencia del príncipe Lobkowitz. El estreno en público se dio en abril de 1805, también en Viena, y con ello comenzó a circular la leyenda que acompaña a esta obra y que aún hoy continúa en mente de todos. Ha sido citada miles de veces y nos concretaremos a repetirla brevemente:

En los años en que Beethoven concibió esta obra, Napoleón Bonaparte era la representación de los ideales republicanos contra la opresión monárquica, y se dice que pensó inicialmente dedicarla al líder francés. Pero cuando la obra fue publicada en 1806, en la página inicial no apareció el nombre de Bonaparte; sólo la indicación de que había sido compuesta para celebrar la memoria de un gran hombre. De acuerdo al testimonio de varios conocidos, entre ellos el conde Lichnowski y el compositor Ferdinand Ries, desechó la dedicatoria desde el momento en que se enteró que el líder francés se había hecho coronar emperador.
En esta prodigiosa partitura el autor empleó prácticamente la misma formación orquestal de en sus dos sinfonías primeras, pero sus trazos marcan dimensiones insospechadas con relación a la tradición propia del Clasicismo y podemos asegurar que la totalidad de sus sinfonías posteriores son derivaciones del ámbito marcado por la «Heroica».

Desde luego que sus novedades confundieron a muchos contemporáneos y el movimiento más criticado fue el último; una serie de variaciones sobre un tema que Beethoven había utilizado en su música para el ballet “Las criaturas de Prometeo”. En la actualidad, el movimiento más difundido de la “Heroica” es el segundo; una solemne y circunspecta marcha que con mucha frecuencia es ejecutada en ocasiones fúnebres. Sus innovaciones son asombrosas, así como la utilización de recursos formales, técnicos e instrumentales de los que no existía antecedente. Fue necesaria la aparición de maestros como Berlioz, Wagner, Mahler o Stravinsky para la generación de ideas con significación trascendente e innovadora en sus respectivas épocas.

Jorge Vázquez Pacheco