PROGRAMA II

Segunda Temporada 2019

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

 

Jorge Mester Director Artístico

Viernes 20 de septiembre 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA II

Franz Joseph Haydn
Sinfonía No. 22 en Mi bemol mayor, «El filósofo»
-Adagio
-Presto
-Menuet e Trio
-Finale: Presto

Duración aproximada: 21 minutos

Benjamin Britten
Sinfonía de réquiem, Op. 20
-Lacrymosa
-Dies irae
-Requiem aeternam

Duración aproximada: 20 minutos

INTERMEDIO

Wolfgang A. Mozart
Adagio y Fuga en Do menor, K. 546

Duración aproximada: 8 minutos

Richard Strauss
Cuatro últimas canciones
-Frühling (Primavera)
-September
-Beim Schlafengehen (Al irme a dormir)
-Im Abendrot (En el ocaso)

Duración aproximada: 25 minutos

Yvonne Garza / Soprano

Jorge Mester, Director Arttístico

Jorge Mester

Jorge Mester Director artístico de la Orquesta Filarmónica de Boca del Río

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
   En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012).
Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980.
   Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
   En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski.
Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.
   Como reconocimiento a su elogiable labor y notable trayectoria, se ha impuesto su nombre a la Sala Principal del Foro Boca.

Yvonne Garza, soprano

Yvonne Garza Soprano

Obtuvo la licenciatura en Música en la Columbus University de Georgia y la Maestría en Música por la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos. Debuta en el Palacio de Bellas Artes al lado del tenor Ramón Vargas en el papel de Inés en «La favorita» y participa en la producción de “La flauta mágica”, al lado del tenor Francisco Araiza en el mismo teatro. Gana prestigiosos concursos a nivel nacional e internacional como el «Carlo Morelli», el Palm Beach Opera y, por tres años consecutivos, el primer lugar del concurso de la Asociación Nacional de Maestros de Canto de los Estados Unidos (NATS).
Gracias a su brillante desempeño en los cursos impartidos por maestros del Metropolitan Opera House, organizados por SIVAM, fue invitada para cantar con el tenor Plácido Domingo en la ciudad de Washington, DC y posteriormente obtuvo una beca para el curso de ópera del Israel Vocal Arts, en Tel Aviv. Ha tomado clases magistrales con grandes cantantes como Diana Soviero, Mignon Dunn, Francisco Araiza, Justino Díaz y Renata Scotto, entre otros.
Ha sido solista de las orquestas más importantes del país bajo la batuta de maestros como Enrique Patrón de Rueda, Guido Maria Guida, Enrique Barrios, Fernando Lozano, Anton Guadagno, Paul Nadler, Félix Carrasco, Marco Letonia, Gabriel Garrido y muchos más. En el extranjero ha tomado parte como solista con orquestas en Estados Unidos, Portugal, y Polonia.
Su amplio repertorio incluye géneros como zarzuela, oratorio, lied y música sinfónica. En este último renglón se destacan sus interpretaciones para la Misa de Coronación de Mozart, Novena sinfonía de Beethoven, Segunda sinfonía de Mahler, Cuatro últimas canciones de Richard Strauss, «Petite messe solennelle» de Rossini, entre otras. En los terrenos de la ópera obtuvo notables aciertos en sus interpretaciones de Adina, Rosina, Mimí, Micaela, Violeta, Pamina, Condesa en «Las bodas de Fígaro», Lucy en «El teléfono» de Menotti, Lía en “L’enfant prodigue”, “El Marciano” en su estreno mundial, Dorabella en “Così fan tutte” (adaptación cinematográfica de Jesusa Rodríguez, auspiciada por el Rockefeller Foundation) y “La voz humana” de Francis Poulenc en el Centro de las Artes de Nuevo León.
Participa en el espectáculo «Iris de esperanza» en el Teatro Esperanza Iris (antes Teatro de Ciudad) con la Filarmónica de la Ciudad de México; interpreta el rol de la Condesa en una producción de «Las bodas de Fígaro» de Mozart y recientemente canta el rol de Rosalinde en «Die Fledermaus» en las ciudades de México y Guadalajara.

Notas al programa

Franz Joseph Haydn (1732-1809)wikipedia.org

Franz Joseph Haydn
(1732-1809)


Sinfonía 22, «El filósofo»

Haydn nació dieciocho antes de la muerte de Johann Sebastian Bach, en un punto fronterizo en lo que hoy son los territorios de Austria y Hungría. Contaba con apenas 8 años de edad cuando arribó a Viena como niño cantor y allí pasó las siguientes dos décadas. Nombrado Maestro de capilla del conde Morzin, una de las condiciones para conservar ese empleo era mantenerse soltero, disposición que Haydn desatendió al casarse con María Anna Keller en noviembre de 1760. Poco tiempo después, la fortuna de Morzin sufrió un severo quebranto que le obligó a despedir a sus músicos y en 1761 el compositor pasó al servicio de la familia Esterházy, contratado por el príncipe Paul Anton. Se trataba de uno de los clanes más poderosos e influyentes en la región y sus integrantes eran grandes aficionados al arte musical. Para Paul Anton, Haydn escribió las Sinfonías 6, conocida como «La mañana»; la 7, «El mediodía» y la 8, «La noche». El príncipe falleció en marzo de 1762 y el liderazgo en la familia fue asumido por Nikolaus, a quien Haydn sirvió durante nada menos que veintiocho años.
El subtítulo para las sinfonías de Haydn no siempre fue asignado por el compositor y este es el caso de la número 22, conocida como «El filósofo». Escrita en el año 1764, esta partitura fue dotada de una estructura propia de las «sonatas da chiesa» (forma derivada del barroco y que hoy se contempla como precursora de la Sonata, propiamente dicha); cuenta con cuatro movimientos, en su formación instrumental presenta el novedoso empleo de dos cornos ingleses en lugar de los oboes de uso común y un desarrollo que prefigura el sinfonismo clasicista.
¿Por qué se le llama «El filósofo»? Algunos estudiosos suponen que el apacible efecto de tic-tac de las cuerdas en el primer movimiento, sugirió a algún contemporáneo la imagen de un hombre sumido en profunda cavilación. En el mismo contexto, llama la atención el diálogo inicial entre un corno inglés y la sección de cuerdas, mismo que aporta la idea del planteamiento de una pregunta a la que sigue una inmediata respuesta. Este sosegado primer movimiento es, al decir de algunos analistas, uno de los momentos musicales mayormente originales ideados en aquella época.
Por lo demás, resulta conveniente recordar que la orquesta en Haydn es reducida y, en el caso que nos ocupa, con solo dos cornos franceses, dos cornos ingleses, un fagot y la cuerda. Empero, la inventiva del autor traduce esta parquedad en un colorido sonoro que en muchos momentos nos remite a lozanía propia de las obras de Antonio Vivaldi.

Benjamin Britten (1913-1976)cpr.org

Benjamin Britten
(1913-1976)


Sinfonía de réquiem, Op. 20

Hacia 1939, un diplomático británico comunicó a Benjamin Britten –entonces un joven de 26 años– el encargo de una obra para un destinatario no detalladamente especificado. Por aquella época, el compositor tenía en mente la escritura de una pieza dedicada a sus padres e impregnada de su espíritu antibelicista alentado por las preocupantes convulsiones que habrían de desembocar en el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Ese mismo año y en compañía del tenor Peter Pears (su compañero sentimental, con quien se había conocido en 1936), Britten partiría hacia Estados Unidos, de modo que concluyó su Sinfonía da Requiem en la ciudad de Chicago, en febrero de 1940.
Lo que Britten ignoraba es que la encomienda procedía del gobierno de Japón, que se preparaba para conmemorar el aniversario 2,600 de la fundación de su imperio. Se tomaba como punto de partida el 11 de febrero del año 660, antes de la Era Común, cuando Jianmu Tennō (“Guerrero divino”) fue ungido como emperador para dar inicio a un reinado que se extendió durante 76 años y hasta su muerte. Se considera a Jianmu el fundador de la dinastía real y punto de partida para la línea monárquica cuya sucesión prevalece hasta nuestros días. Desde luego que los japoneses se negaron a tomar en cuenta esta obra sinfónica “cristiana” de contornos sombríos, angustiante atmósfera y con subtítulos en latín tomados de la Misa para Difuntos de la liturgia católica. Por añadidura, los tres movimientos que le integran debían interpretarse sin interrupción. El organizador de los festejos, Hidemaro Konoye, manifestó su enojo mediante una misiva en cuya redacción acusó a Britten de adoptar una actitud insultante, al hacer entrega de una pieza del todo inadecuada para la ceremonia de alcance nacional.
Japón no se involucraba aún en la Gran Guerra, pero había invadido las porciones norte y este de territorio chino desde junio de 1937. Poco tiempo después se convertiría en aliado de la Alemania nazi y la Italia fascista, y la relación diplomática con Inglaterra se cortaría inmediatamente después del ataque a Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941. La Sinfonía da Requiem, partitura de contornos amargos y desgarradores, fue bien recibida en su primera audición absoluta, efectuada en el Carnegie Hall de Nueva York, el 29 de marzo de 1941, con la Filarmónica de Nueva York dirigida por John Barbirolli. Al año siguiente se presentó por vez primera en Londres y en Japón solo pudo escucharse hasta febrero de 1956, con Britten dirigiendo a la Sinfónica NHK.

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)feelthebrain.me

Wolfgang Amadeus Mozart
(1756-1791)


Adagio y Fuga en Do menor, K. 546

Esta breve partitura fue terminada hacia finales de junio de 1788, tres años antes de la muerte de Mozart y en los mismos días en que ponía punto final a sus tres últimas sinfonías: las 39, 40 y 41. El propio músico redactó que la había ideado para un cuarteto de dos violines, una viola y un bajo, aunque en la actualidad suele interpretarse con la sección completa de la orquesta.
Los motivos de Mozart para escribir esta pieza son desconocidos, ya que no existen indicios de encargo alguno. No faltan quienes suponen que pudo haber sido a instancias de Franz Anton Hoffmeister, el compositor y músico de origen alemán que en 1785 fundó en Viena una editora mediante la cual publicó no sólo sus propias creaciones; también las de muchos compositores importantes de la época. Quizá Hoffmeister solicitó algo nuevo y Mozart, necesitado de recursos, se vio en la necesidad de tomar una Fuga anteriormente escrita, le añadió el breve y severo Adagio como introducción y así cumplir con el requerimiento.
La Fuga es una adaptación del Koechel 426, interesante pieza para dos pianos escrita en diciembre de 1783 y cuya génesis inspiradora apunta indudablemente hacia el estilo del maestro alemán, con cuya obra Mozart se familiarizó en 1872 gracias a Gottfried van Swieten, un aristócrata holandés al servicio del imperio austriaco quien, como gran admirador de Bach, poseía una amplia biblioteca en la que Mozart tuvo oportunidad de conocer y analizar muchas partituras del maestro nacido en Eisenach.
Como dato adicional, comentaremos que Swieten colaboró activamente con Franz Joseph Haydn en la escritura de los libretos para “La Creación”, apoyándose en los libros bíblicos de Génesis y Salmos, así como en “El paraíso perdido” del poeta y ensayista inglés John Milton.
Un año después, en 1789, nuestro músico viajó a Leipzig, la ciudad en que Bach pasó los últimos meses de su fructífera existencia. Allí se dio el gusto de interpretar durante un buen rato en el órgano de la iglesia de Santo Tomás, el mismo que el maestro alemán tocaba a diario. Apenas cabría la duda en torno de la profunda y vasta significación que para Mozart habría sido aquel momento.
Por otra parte, ya hemos comentado que hacia aquel mismo 1788 Mozart trabajaba sobre sus tres últimas sinfonías. La 41, conocida como “Júpiter”, contiene en su cuarto y último movimiento una genial tensión contrapuntística que aún ahora es motivo de estudio, de modo que es razonable suponer que las ideas en torno de las fugas a la manera de Bach ocupaban en ese momento un espacio importante en su mente.

Richard Strauss (1864-1949)wikipedia.org

Richard Strauss
(1864-1949)


Cuatro últimas canciones

Después de sus formidables aportaciones a la música orquestal mediante su serie de poemas sinfónicos, así como a los renglones de la ópera, hacia el año de 1946 el compositor alemán Richard Strauss sentía cercano el final de su existencia. Cuando los horrores de la Segunda Guerra Mundial tendían a disiparse, se fue a vivir a Suiza arrastrando la torturante sospecha de simpatizar con el nazismo y después de sufrir, paradójicamente, humillaciones por parte de militares alemanes de bajo rango. Días difíciles aquellos que, sin embargo, permitieron al compositor iniciar su trabajo sobre la partitura que conocemos como “Vier Letzte Lieder” (Cuatro últimas canciones), considerada no solo como su testamento artístico; también es el último vestigio de un romanticismo avasallado del todo por las tendencias de vanguardia.
Por todo lo anterior, resulta casi natural que esta obra muestre una atmósfera crepuscular; una postración ante lo inevitable que nunca adquiere matices de terror o miedo. En lugar de ello, las “Cuatro últimas canciones” son una elegía esperanzadora y colmada de consuelo, engalanada además por los contornos sonoros que le confieren su naturaleza de “canto del cisne” en la productividad de este maestro.
El primer lied abordado fue sobre el poema de Joseph von Eichendorff, “En el ocaso”, y todo indica que lo musicalizó tomando en cuenta las virtudes canoras de su esposa Pauline, quien poseía la capacidad para enunciar largas frases sin tomar aliento, así como una tesitura de extensión considerable que le permitía manejar adecuadamente graves y agudos. Seguiría con los poemas de su amigo Hermann Hesse, hasta concluir el último en septiembre de 1948. Al pulir cada uno de los textos de forma independiente, sabemos que no era la intención de Strauss presentarlos como un ciclo de lieder. La idea fue de Ernst Roth, editor londinense quien tuvo también el buen tino de ubicar hacia el final el poema de Eichendorff.
Estas “Cuatro últimas canciones” son como un intenso y expresivo soliloquio que bien podría ubicarse en alguno de sus prodigiosos dramas escénicos: en voz de Crisotemis, de la Mariscala o de la dulce Dafne. Individualmente y en conjunto, son como un breve universo que reúne no solo serenos anhelos; también la satisfacción por los logros cumplidos. El ciclo fue estrenado en el Royal Albert Hall de Londres, en mayo de 1950, ocho meses después de la muerte del compositor. Los intérpretes fueron la soprano noruega Kirsten Flagstad y la Philharmonia Orchestra, con dirección de Wilhelm Furtwaengler.

Jorge Vázquez Pacheco

Traducción del texto para las «Cuatro últimas canciones»
Primavera
En el fondo de las peñas crepusculares
he soñado largamente
con tus árboles y aire azul,
con tus aromas y con tus cantos de pájaros.

Ahora te has desplegado
en esplendores y aderezos,
desbordando de luz,
como un milagro ante mí.

Tú me reconoces,
tú me atraes tiernamente,
un escalofrío cruza todos mis miembros,
tu bienaventurada presencia.

Septiembre
El jardín está triste,
la fría lluvia pesa sobre las flores.
El verano tiembla
dulcemente hacia su fin.

Doradas, gota a gota, caen las hojas
de lo alto de la acacia.
El verano sonríe, sorprendido y cansado,
entre el sueño de los jardines que se mueren.

Largamente, entre las rosas
se detiene todavía, desea el reposo.
Lentamente cierra
sus ya cansados ojos.

Al irme a dormir
Ahora que el día se ha fatigado,
que mi nostálgico deseo
sea acogido por la noche estrellada
como un niño cansado.

Manos, abandonad toda acción.
Mente, olvida todo pensamiento.
Ahora todos mis sentidos
quieren caer en el sueño.

Y el alma sin más guardián
quiere volar, liberadas sus alas,
en el círculo mágico de la noche,
para vivir profundamente mil veces.

En el ocaso
Con penas y alegrías,
mano a mano, hemos caminado.
Reposemos ahora de nuestros viajes,
en la tranquila campiña.

A nuestro alrededor se inclinan los valles,
ya la brisa se ensombrece.
Sólo dos alondras alzan todavía el vuelo
soñando de nuevo en el oloroso aire.

Acércate y déjalas trinar,
pronto será hora de dormir,
para que no podamos perdernos
en esta soledad.

Oh, inmensa y dulce paz,
tan profunda en la puesta de sol,
qué fatigados estamos por haber caminado.
¿Será esta, entonces, la muerte?

Traducción: www.kareol.es