PROGRAMA IV

Segunda Temporada 2019

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

 

Jorge Mester Director Artístico

Viernes 18 de octubre 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA IV

Darius Milhaud
« El buey sobre el tejado », Op. 58

Duración aproximada: 18 minutos

Samuel Barber
Concierto para violín y orquesta, Op. 14
-Allegro
-Andante
-Presto in Moto Perpetuo

Duración aproximada: 22 minutos

Philippe Quint / Violín

INTERMEDIO

Ludwig Van Beethoven
Sinfonía No. 7, en La mayor, Op. 92
-Poco sostenuto – Vivace
-Allegretto
-Presto
-Allegro con brio

Duración aproximada: 40 minutos

Jorge Mester, Director artístico

Jorge Merster

Jorge Mester Director artístico

El maestro mexicano Jorge Mester es reconocido internacionalmente como un director de primer nivel, respetado por la excelencia y prominencia que aporta a toda organización que dirige.
    En julio de 2006, fue invitado a regresar como Director Musical de la Orquesta de Louisville, cargo que ocupó con anterioridad durante doce años (1967-1979). Ha sido Director Musical de la Sinfónica de Pasadena durante veinticinco años (1985-2010) y Director Musical de la Filarmónica de Naples (2004-2012).
    Mester es también Director Laureado del prestigioso Festival de Música de Aspen, que encabezó como Director Musical durante veintiún años a partir de 1970-1991. Como académico, se desempeñó como director del Departamento de Dirección de la Juilliard School, en Nueva York, durante la década de 1980.
    Fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica de West Australia, en Perth, y Director Principal invitado tanto de la Adelaide Symphony como de la St. Paul Chamber Orchestra. Fue Director Artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México entre 1998 y 2002. Anteriormente, como Director Musical impuso su sello único en el Festival Casals de Puerto Rico.
    Como director invitado se ha presentado al frente de la Boston Symphony Orchestra, Philadelphia Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra de Londres, New York City Opera, Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, Orquesta de Cámara de Lausana (Suiza), Ópera de Sídney, Festival de Spoleto y la Washington Opera, por mencionar solo algunas.
    En 1985 recibió el prestigioso Premio Ditson de dirección orquestal, que otorga la Universidad de Columbia por el impulso a la música americana. Otros ganadores de los premios Ditson incluyen a Leonard Bernstein, Eugene Ormandy y Leopold Stokowski. Ha sido profesor de varias generaciones de directores, incluyendo a James Conlon, Dennis Russell Davies, Andreas Delfs, JoAnn Falletta y John Nelson. Además, ha impulsado desde el inicio de sus carreras a artistas que hoy cuentan con un sólido prestigio internacional como Midori, Renée Fleming, Nadja Salerno-Sonnenberg, Cho-Liang Lin y Robert McDuffie.
    Como reconocimiento a su elogiable labor y notable trayectoria, se ha asignado su nombre a la Sala Principal del Foro Boca.

Philippe Quint, violín

Philippe Quint violín

Multinominado a los premios Grammy, Philippe Quint es reconocido internacionalmente por su enfoque único y perspicaz para el repertorio estándar. Defensor y redescubridor de obras que permanecían en el olvido, emprende exploraciones plenas en imaginación e inventiva al lado de artistas de diferentes géneros. “Realmente fenomenal”, le describió recientemente la BBC Music Magazine, y agregó que “la opulencia tonal de Quint, generosamente inflexionada con sutiles portamentos, suena como un regreso a los gloriosos tiempos de Fritz Kreisler”.
    Artista de raíces rusas y nacionalizado estadounidense, Quint es continuamente solicitado por las principales orquestas del orbe y sus actuaciones con los directores más renombrados se han dado en centros musicales que van desde la Gewandhaus de Leipzig hasta Carnegie Hall de Nueva York. Al mismo tiempo, lleva a efecto actuaciones frecuentes en los festivales más prestigiosos, incluidos los de Verbier, Aspen, Colmar, Hollywood Bowl y Dresden Festspiele.
    Su galardonada discografía se condensa en 17 lanzamientos comerciales, misma que incluye su reciente debut con el sello Warner Classics: un CD titulado “Chaplin’s Smile” que presenta trece arreglos originales de canciones de Charlie Chaplin. Este disco recibió aclamación mundial, múltiples “Elecciones del Editor” en todas las principales estaciones de radio y en publicaciones como Forbes, Gramophone, Limelight, Strad y Strings. El álbum también inspiró a Philippe a crear y producir “Charlie Chaplin’s Smile” (La sonrisa de Charlie Chaplin), un espectáculo multimedia que llevará por todo el mundo durante la temporada 2019-2020, incluida la apertura del quinto Festival Internacional Tchaikovsky en Klin, Rusia; el Festival de Ravinia, la Baltimore Symphony, Sociedad Filarmónica del Condado de Orange, así como los estrenos orquestales del espectáculo en Alemania, Polonia y Bulgaria, entre muchos otros lugares de importancia.
    Lo más destacado de la temporada 2019-2020 para Quint incluye actuaciones con las orquestas Baltimore Symphony, North Carolina Symphony, Bournemouth Symphony, Bochumer Symphoniker, Sinfónica de Bilbao, Louisiana Philharmonic, Singapore Symphony y Thailand Philharmonic bajo la batuta de Andrew Litton, Steven Sloane, Carlos Miguel Prieto, Rune Bergmann, Jorge Mester y Carolyn Kuan.
    Establecido en la ciudad de Nueva York desde 1991, Philippe Quint nació en Leningrado, Unión Soviética (hoy San Petersburgo, Rusia), y estudió en la Escuela Especial de Música para Dotados de Moscú con el famoso violinista ruso Andrei Korsakov, haciendo su debut orquestal en la edad de nueve años. Después de mudarse a los Estados Unidos, obtuvo títulos de Licenciatura y Maestría por la Juilliard School de Nueva York. Sus mentores han sido distinguidos pedagogos de la talla de Dorothy Delay, Cho-Liang Lin, Masao Kawasaki, Isaac Stern, Itzhak Perlman, Arnold Steinhardt y Felix Galimir.
    Philippe Quint toca en un magnífico violín de 1708 conocido como “Ruby”, fabricado por Antonio Stradivari y prestado a él a través de los generosos esfuerzos de The Stradivari Society.

Notas al programa

 Darius Milhaud (1892-1974)

Darius Milhaud
(1892-1974)


« El buey sobre el tejado »

« Le boeuf sur le toit »(El buey en el tejado) es una obra escrita en 1919 por el compositor francés –nacido en Marsella– Darius Milhaud. Se trata de una partitura ideada durante su estancia de dos años en Brasil, a donde se trasladó como colaborador y secretario del diplomático y escritor Paul Claudel. Durante ese lapso dio forma a varias partituras entre las que destacan “Saudades do Brasil”, “Scaramouche”, el poema coreográfico “L’Homme et son desir” y la que se interpreta esta noche.
    En “El buey sobre el tejado” parece condensarse la idea de que el desparpajo era el mejor de los antídotos ante las tensiones sociales y la depresión económica en generadas en Europa hacia la conclusión de la Primera Guerra Mundial, a lo que se sumaba un panorama político por demás sombrío.
    Obra de atmósfera regocijante e inspirada en diversas formas bailables de la música sudamericana (incluyendo, desde luego, la brasileña), la partitura muestra una forma de Rondó que el autor utiliza para otorgar un interesante tratamiento a la melodía del inicio, misma que funciona como elemento unificador al ser reiterado insistentemente durante un desarrollo marcado por giros disonantes que aportan la idea de una improvisación. Esto no debe extrañarnos, ya que como integrante del denominado “Grupo de los Seis” (los compositores que se rebelaban contra la tradición decimonónica, la herencia romanticista y el impresionismo), Milhaud comulgaba con la idea de que la música que los pretendidos eclécticos europeos consideraban “vulgar” (el jazz incluido) no era otra cosa que una manifestación estética propia de los tiempos “modernos”.
    Todo nos indica que “El buey sobre el tejado” fue ideada en sus inicios como una partitura para la cinematografía muda –posiblemente para una película protagonizada por Charles Chaplin– aunque su estreno se dio como ballet en París, el 21 febrero de 1920, debido a la intervención de Jean Cocteau, quien integró como protagonistas principales a un grupo de payasos de circo.
    Considerada como música informal y escasamente “seria”, esta obra terminó por imponerse y resultar exitosa ante el público que la aclamó en sus representaciones como ballet y como pantomima. Debido a ello, el compositor preparó una versión para violín y orquesta (que en México fue presentada por vez primera en el Palacio de Bellas Artes, en marzo de 2002, por el virtuoso xalapeño Erasmo Capilla y la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección de Richard Auldon-Clark), además de otra más para piano y pequeña orquesta.

 Samuel Barber (1910-1981)wegow.com

Samuel Barber
(1910-1981)


Concierto para violín y orquesta

Esta obra surgió fue un encargo del empresario Samuel Simeon Fels, para ser interpretada por Iso Briselli, violinista que había sido compañero de estudios de Barber en el Instituto Curtis de Filadelfia. El compositor terminó el Concierto en julio de 1940 y fue estrenado el 7 de febrero de 1941 por Albert Spalding, con la Philadelphia Orchestra dirigida por Eugene Ormandy.
    Aunque actualmente se establece como una de las obras más difundidas de Barber, a la par con su Adagio para cuerdas, la obertura “La escuela del escándalo” o “Meditación y danza de la venganza de Medea”, el inicio fue complicado. Briselli se mostró complacido por los dos primeros movimientos, aunque argumentó que un final marcado por un “movimiento perpetuo” no correspondía debidamente a la naturaleza de los fragmentos iniciales, además de que encontró en esta conclusión una serie de tropiezos técnicos que, según dijo, le dificultarían preparar el Concierto para la jornada de estreno.
    Barber trató de demostrar en el Instituto Curtis que su Concierto era perfectamente “interpretable”, de modo que pidió a otro violinista, Herbert Baumel, que lo ensayara con la orquesta de la institución. En esta jornada se hizo presente Ormandy, quien decidió estrenar formalmente la obra con Albert Spalding y la Philadelphia Orchestra, en la fecha citada antes. A partir de entonces, esta partitura se convirtió en favorita de muchos ejecutantes y de inmediato fue llevada a la discografía por violinistas de gran renombre.
    El primer movimiento inicia con una conmovedora introducción a cargo del solista, y el segundo comienza con un introspectivo tema asignado al oboe con respaldo de la cuerda. El último fragmento contiene el “Perpetuum Mobile” que incomodó al violinista que estaba programado para estrenarlo, pero es de analizarse y admirarse el despliegue de virtuosa técnica vertida aquí, en un desarrollo centelleante que desemboca hacia el enérgico final. Al analizar la naturaleza totalmente accesible del Concierto de Barber, sus hermosas melodías y su sabor de música “cinematográfica”, se confirma línea estética de este autor norteamericano nacido en West Chester, Pennsylvania. Para Barber, los conflictos entre músicos de diversas tendencias –partidarios de la tonalidad y los atonalistas, modernistas contra tradicionalistas– fueron asuntos que le tuvieron sin cuidado. En lugar de involucrarse en aquellos agrios alegatos, se dedicó a escribir un arte sonoro que hoy se distingue por su naturaleza lírica y por las armonías enriquecidas gracias a su formidable intuición.

Ludwig Van Beethoven (1770-1827)wnyc.net

Ludwig Van Beethoven
(1770-1827)


Sinfonía No. 7 en La mayor

Obra de formidable poderío cinético y pasmosa exuberancia, el operista alemán Richard Wagner no dudó en denominarla “la apoteosis de la danza”, al tiempo que alabó sin reservas su “orgiástica omnipotencia”. Después de su estreno en Viena, el 8 de diciembre de 1813 con el autor al frente de la orquesta, el público jamás se ha resistido a la fascinación que esta partitura invariablemente ejerce.
    Las crónicas de la época nos remiten a aquel memorable concierto ofrecido con la intención de ayudar a los soldados heridos en la batalla de Hanau, jornada bélica ocurrida los días 30 y 31 de octubre del mismo 1813. El general Karl Philipp von Wrede, al mando de las fuerzas austro-bávaras, intentó bloquear el paso de los ejércitos napoleónicos cuando buscaban el retorno a su territorio luego de su derrota en Leipzig. Pero Napoleón logró arribar antes que Wrede para reforzar su ejército, logró una inesperada victoria y Hanau pasó a control francés.
    La noche de su estreno, la Séptima sinfonía fue tan amablemente recibida que el público exigió la repetición de su segundo movimiento, un Allegretto cuya severa atmósfera otorga el adecuado contaste con los fragmentos restantes. Aún ahora, la 7 se establece como un prodigio en la creatividad musical del siglo XIX y se le ubica entre las más hermosas partituras generadas por Beethoven.
    Poseedora de energía desbordante –presente también en las sinfonías Tercera y Quinta–, aquí no encontramos los acentos trágicos o tormentosamente combativos que caracterizan a aquellas. Se trata de un pasmoso ejercicio sonoro sobre un contexto absolutamente musical, y en este sentido guarda notorio parentesco con la sinfonía “Júpiter”, la última que escribió Mozart.
    Desde el mismo inicio, Beethoven prepara el vasto escenario sobre el que desarrollará los cuatro movimientos, a lo largo de los cuales se hará perceptible el procedimiento que utilizó de manera tan contundente en el inicio de su Sinfonía número 5: un pasmoso desarrollo que arranca desde un solo motivo. Esta célula sonora se reproduce con múltiples variantes, pero jamás deriva en reiteraciones rígidas o monótonas.
    La vorágine final conduce al oyente hacia una atmósfera dionisiaca, solo comparable a la coda final de la Novena, y es otra sorprendente manifestación del avasallante talento del compositor. La Séptima es una de aquellas partituras que perduran admirablemente y a las que los efectos del paso del tiempo parecen otorgar renovada vitalidad. A cada día gana nuevos adeptos y su popularidad solo es comparable a la que registran las sinfonías 5 y 9.

Jorge Vázquez Pacheco