PROGRAMA VII

Segunda Temporada 2019

ORQUESTA FILARMÓNICA DE
BOCA DEL RÍO

 

Jorge Mester Director Artístico

Viernes 6 de diciembre 20:00 horas.
Foro Boca

PROGRAMA VII

Carl Nielsen
Obertura «Helios», Op. 17

Duración aproximada: 12 minutos

Edvard Grieg
«Peer Gynt», suite No. 1 Op. 46
-Amanecer (Allegretto pastorale)
-La muerte de Åase (Andante doloroso)
-Danza de Anitra (Tempo di mazurka)
-En la corte del rey de la montaña (A la marcia e molto marcato)

Duración aproximada: 16 minutos

Elías Manzo / Piano

INTERMEDIO

Jean Sibelius
Sinfonía No. 2 en Re mayor, Op. 43
-Allegretto
-Tempo Andante, ma rubato
-Vivaccisimo – attacca
-Finale – Allegro moderato

Duración aproximada: 45 minutos

Eduardo Diazmuñoz, Director Huésped

Eduardo Diazmuñoz

Eduardo Diazmuñoz
Director huésped

Eduardo Diazmuñoz ha sido reconocido como uno de los músicos más versátiles de su generación. Director, compositor, pianista, educador, promotor, organizador, defensor de las artes, productor, editor y conferencista, fusiona la Vieja Escuela –asimilada desde sus maestros Léon Barzin y Leonard Bernstein– y la inquietud que le ha hecho estrenar más de 150 obras.
    Llamó la atención pública a los 22 años, cuando debutó en el Palacio de Bellas Artes de México. Desde entonces ha dirigido más de 100 orquestas, 15 de ellas como director residente, y ha ocupado puestos que van desde Maestro Auxiliar hasta Director General en 6 países, donde fundó tres orquestas. Ha grabado más de 35 CD’s para 24 sellos y entre los muchos premios que ha recibido se cuenta el otorgado por la Unión Mexicana de Cronistas de Teatro y Música en cuatro ocasiones. También recibió el Premio “Músico del año 2003” del International Biographical Centre en Cambridge, Inglaterra, y fue el primer director mexicano en ser nominado tres veces para un Grammy Latino. Ha recibido dos Discos de Oro y uno de Platino por sus ventas discográficas.
    Su compromiso con la educación se ha dado a lo largo de varios años en la UNAM y el Conservatorio Nacional de Música de México, la Sociedad Filarmónica de París, la Escuela de Artes del Nuevo Mundo (en Miami), como miembro del Consejo Nacional de la Academia de Música Fermatta (Ciudad de México) y como Decano de Revisión Académica desde noviembre de 2012.
    Una vez en la Universidad de Sídney, en Australia, Diazmuñoz muestra su afinidad con los músicos que buscan educarse sobre las formas tradicionales, ya sea sinfónica, de ópera o teatro musical contemporáneo. Es ampliamente reconocido por su experiencia, lo que lo coloca de manera única para ofrecer la formación técnica, musical y artística para desarrollar plenamente los talentos de sus estudiantes. Como resultado de estas capacidades, ha participado en clases magistrales y cursos de verano, y ha fungido como jurado para concursos internacionales y exámenes profesionales en Estados Unidos, Francia, España, México, América Central y del Sur. Su colaboración con destacados solistas de celebridad mundial ha sido tan intensa y nutrida que merece reseña aparte.
    Sinónimo de calidad, certidumbre, innovación y audacia, el Maestro Diazmuñoz es uno de los músicos más completos de la actualidad. Desde enero de 2019 se desempeña como Director Titular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León, con sede en la ciudad de Monterrey, México.

Notas al programa

Carl Nielsen (1865-1931)bbc.co.uk

Carl Nielsen
(1865-1931)


Obertura «Helios», Op.17

Generador de un interesante listado que incluye seis sinfonías, dos óperas, conciertos para instrumentos solistas y canciones de notorio colorido popular, Carl Nielsen –la figura más resplandeciente en el panorama musical de Dinamarca– nació en una población cercana a la ciudad de Odense. Desde pequeño se las ingenió para aprender a tocar violín, piano y diversos instrumentos de aliento, y al ingresar al Conservatorio de Copenhague se hizo alumno de Niels Gade.
    Antes de que su celebridad como compositor comenzara a extenderse, en 1891 Nielsen tomó por esposa a la escultora Anne Marie Brodersen y ambos integraron un matrimonio por demás interesante: ella era gran aficionada al arte griego y él con fuerte inclinación hacia la arqueología. Cuando Anne Marie consiguió licencia para hacer copias escultóricas de los bajorrelieves y estatuas de la Acrópolis, en Atenas, el compositor decidió acompañarle y el matrimonio se alojó en un departamento desde el que les era posible observar las puestas de sol sobre el Mar Egeo.
    Allí inició la escritura de “Helios”, en marzo de 1903, para terminarla al mes siguiente. Desde luego que el motivo inspirador resultó aquella panorámica, por lo que como título le asignó el nombre de la personificación griega para el Sol.
    Nielsen siempre objetó el carácter programático de su obra, y ante las preguntas en torno de ello simplemente respondía: “Describe el movimiento del Sol a través de los cielos, desde la mañana a la noche. Por eso se llama así y no necesita más explicación”.
    Pero existe una misiva en la que sí aporta detalles acerca de la narrativa presente en la Obertura: “Inicia suavemente con los contrabajos, a los que se le unen múltiples instrumentos mientras los cornos interpretan un solemne himno dedicado al amanecer. El Sol se eleva en el cielo hasta llegar al mediodía, cuando la luz es casi cegadora y todo se inunda por su brillo, haciendo que casi todas las criaturas vivas se sientan somnolientas y perezosas. Finalmente, el Sol comienza su descenso y se pierde con majestad entre las montañas del oeste”.
    La Obertura “Helios” se estrenó en Copenhague, el 8 de octubre de 1903, con la Orquesta Real Danesa dirigida por Johan Svendsen. No fue recibida con aclamaciones, pero Nielsen se animó a dirigirla en diversas ocasiones posteriores, la última de ellas en Gotemburgo, Suecia, poco antes de su muerte. El paso del tiempo ha favorecido a esta breve partitura y paulatinamente se estableció entre lo más conocido de un autor cuya popularidad se incrementa notoriamente en nuestros días.
   

Edvard Grieg (1843-1907)wikicommons.org

Edvard Grieg
(1843-1907)


«Peer Gynt», Suite número 1

Los daneses Edvard Grieg y el dramaturgo Henyk Ibsen fueron contemporáneos y grandes amigos. En 1876 Ibsen invitó a Grieg a escribir la música incidental para la puesta en escena de su “Peer Gynt” y como respuesta recibió más de veinte piezas que subrayaban las diversas escenas del drama. Pero el mismo Grieg no confiaba mucho en la eficiencia de su partitura, ya que el tono satírico y fantasioso de la obra de su amigo no casaba del todo con sus lineamientos estéticos. Sin embargo cumplió puntualmente con la encomienda y poco tiempo después integró dos suites con algunos fragmentos de su música para la escena. En las mismas se apoyó su celebridad más allá de Dinamarca.
    “Peer Gynt” es un drama poético en cinco actos y 38 cuadros que narra la historia de un jayán impetuoso y desequilibrado a quien sus vecinos contemplan con desconfianza aunque Åase, su abnegada madre que le admira por su eterno buen humor, lo defienda con denuedo. Durante una boda en una aldea cercana, Peer Gynt se emborracha y rapta a la novia, quien no parece demasiado mortificada. Montaña arriba, abandona a la chica y regresa al pueblo para llevarse a la joven Solveig, a quien no tarda en dejar también en una rústica cabaña construida por él mismo. Los aldeanos intentan castigarle y el mocetón se destierra hacia otras latitudes, donde le ocurren experiencias insólitas y hasta diabólicas, pero la evocación de Solveig –verdaderamente enamorada– siempre le salva del peligro.
    Al enterarse que Åase agoniza, va hacia ella sólo para presenciar la muerte de su madre. Al perderla, supone que ya nada tiene que hacer por allí y decide lanzarse nuevamente a la aventura. Al paso de los años regresa a la cabaña en que dejó desamparada a Solveig, ahora una anciana ciega que le aguarda pacientemente y le recibe con inalterado cariño. Arrepentido, se postra ante esta noble mujer y suplica perdón. Ella nada tiene por perdonar, ya que pensar en él enriqueció todos esos años. Profundamente cansado, el hombre se acurruca sobre aquel suave regazo para conciliar el último sueño, mientras Solveig arrulla a su amado con una dulce canción de cuna.
    El primer fragmento, “Amanecer”, es el preludio al acto IV; “La muerte de Åase” corresponde al final de acto II, mientras que la “Danza de Anitra” se ubica también en el acto IV. El fragmento más conocido, “En la corte del rey de la montaña”, es un poderoso crescendo que se presenta hacia el acto II y corresponde al momento en que Peer Gynt, después de ser capturado por unos gnomos, es llevado por éstos ante su mandatario para exigir que se le sentencie a muerte.

Jean Sibelius (1865-1957)wnyc.net

Jean Sibelius
(1865-1957)


Sinfonía No. 6, en Fa mayor, Op. 68, «Pastoral»

Esta partitura fue estrenada en Helsinki, el 8 de marzo de 1902, y es la más conocida en el repertorio de este autor. El Finale es, al decir del también compositor Ferruccio Busoni, «el himno que la tierra finlandesa entona hacia sí misma».
    Nacido en una población del sur de Finlandia, Sibelius abandonó la carrera de Derecho para dedicarse a la música y convertirse en el iniciador del nacionalismo musical finlandés. Su apasionada inclinación se comprende mejor a partir de un breve repaso a la historia de este país, dominado alternativamente por suecos y rusos desde el siglo XIV. Los conflictos bélicos estaban siempre a la vuelta de la esquina hasta que, al caer el zarismo ruso en 1917, el territorio logró su independencia.
    Sibelius creció y se consolidó como creador en un contexto de agitación y revueltas. El idioma finés estaba proscrito, pero siendo adolescente se propuso aprenderlo y, de paso, hacer suyas las aspiraciones populares por generar una cultura acorde con la identidad territorial. Su estética apuntó entonces hacia un ardiente amor por el paisaje, la mitología y las tradiciones contenidas en el poema épico conocido como “Kalevala”.
    La Sinfonía 2 es contemplada como la partitura que consolida su estilo y marca el punto de partida para la posterior evolución. Sus contornos logran familiarizar al escucha con el agreste paisaje sonoro de este patriota mediante melodías, armonías y orquestación armadas tan ingeniosamente que no requiere de citas folklóricas o recursos descriptivos.
    El primer movimiento es la total oposición a los procedimientos sinfónicos tradicionales. Se trata de un disperso y fragmentado Allegretto que se desarrolla mediante la sucesión de motivos aparentemente sin relación entre sí y que sólo cobrará unidad en la medida en que el fragmento avanza hacia su desenlace.
    El segundo emplea el mismo proceso, mediante un Andante que también aporta la idea de la fragmentación inconexa. El tercero presenta desde su inicio una nota –Si bemol– sobre la que el autor se apoya para establecer una rápida sucesión de giros sonoros, en un trazo aparentemente simple que se acentúa sobre su sección lenta. Con pasmosa habilidad el autor retoma la reiteración para el logro de un discurso que no se desenvuelve en busca de su propia consumación, sino que funciona para abrir paso al majestuoso final. Se despliega entonces el pujante y emotivo Allegro en que Sibelius despliega, por fin, una línea melódica amplia y de hermosa fluidez, que estalla en el poderoso júbilo sonoro que motivó los elogios de Busoni.

Jorge Vázquez Pacheco